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Sonidos de Sevilla. Martes Santo..Santa Cruz.

Sonidos de Sevilla. Martes Santo..Santa Cruz.

  Suena:

Cristo en la Alcazaba
Maestro Tejera, Plaza de la Alianza. Hermandad de Santa Cruz. Martes Santo de 2010.
 
Martes Santo en Santa Cruz
Maestro Tejera, Calle Joaquín Romero Murube. Hermandad de Santa Cruz. Martes Santo de 2010.

Sonidos de Sevilla. El Lunes Santo..las Penas

Sonidos de Sevilla. El Lunes Santo..las Penas

   Suena:
   Virgen del Valle
   Maestro Tejera, Calle Hernando Colón. Lunes Santo de 2010.
   Ione
Maestro Tejera, Hernando Colón.Hermandad de las Penas. Lunes Santo de 2010.
   Amarguras
   Maestro Tejera, Plaza Nueva. Hermandad de las Penas. Lunes Santo de 2010
      Marcha Fúnebre
   Maestro Tejera, Calle Velázquez. Hermandad de las Penas. Lunes Santo 2010.
      Soleá dame la mano
   Maestro Tejera, Calle Alfonso XII. Hermandad de las Penas. Lunes Santo de 2010.
      Virgen del Valle
   Maestro Tejera, Calle Alfonso XII. Hermandad de las Penas. Lunes Santo de 2010.
   Tus Dolores son mis Penas
   Maestro Tejera, Calle Virgen de los Buenos Libros. Hermandad de las Penas. Lunes Santo de 2010.
 
 
 

Nazarenos...

Nazarenos...

...de Sevilla

...de Sevilla

El crucificado

El crucificado

Instantes de la Pasión

Instantes de la Pasión

Padres de la Patria (I)

Padres de la Patria (I)

Blas de Lezo y Olavarrieta

 (Pasajes, Guipúzcoa, 3 de febrero de 1687 – Cartagena de Indias, 7 de septiembre de 1741)

Almirante español conocido como Patapalo, o más tarde como Mediohombre, por las muchas heridas sufridas a lo largo de su vida militar, fue uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española, y al mismo tiempo uno de los mayores desconocidos.

Pocos marinos españoles se acercaron a su talento, bravura y genialidad, y menos murieron en un abandono y olvido más ingrato. Esta es la historia de uno de los más bravos marinos que ha dado nuestro tiempo, la historia de un hombre que dio la vida por el imperio y cuya gesta permitió a España seguir dominando los mares 60 años más.

Biografía

Blas de Lezo y Olavarrieta nace en Pasajes (Guipúzcoa, España) el 3 de febrero de 1689. Pertenece a una familia de la nobleza con ilustres marinos entre sus antepasados y en un pueblo prácticamente dedicado en exclusiva a la mar. Por ello no debe extrañar que con apenas doce años, en 1701, se enrole como guardiamarina al servicio del conde de Toulouse, Alejandro de Borbón hijo de Luis XIV. Se integra en la armada francesa porque la española era apenas inexistente, la situación era calamitosa y lamentable, fiel reflejo del descalabro económico y la decadencia de los Austrias.

Tres años más tarde estallará la Guerra de Sucesión en España, al no dejar Carlos II descendencia alguna, enfrentando a Felipe de Anjou por parte francesa y al archiduque Carlos de Austria apoyado por Inglaterra, ya que esta última temía el poderío que alcanzarían los Borbones en el continente. Fue frente a Vélez-Málaga, el 24 de agosto de 1704, cuando se produce la batalla naval más importante del conflicto. En dicho combate se enfrentaron 96 naves de guerra franco-españolas (51 navíos de línea) y 68 navíos de línea anglo-holandeses, con 1.500 y 2.700 bajas respectivamente.

Blas de Lezo participó en aquella batalla batiéndose de manera ejemplar hasta que una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, teniéndosela que amputar, sin anestesia, por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación. Debido al valor demostrado en aquel trance y en el propio combate, es ascendido en 1704 a Alférez de Bajel de Alto Bordo por Luis XIV y se le ofrece ser asistente de cámara de la corte de Felipe V. Evidentemente necesitó una larga recuperación y rechazó estar en la corte, pues ambicionaba conocer la artes marineras y convertirse en un gran comandante. En 1705 vuelve a bordo y aprovisiona la asediada Peñíscola.

Continúa patrullando el Mediterráneo apresando numerosos barcos ingleses realizando valientes maniobras con un arrojo impropio, tanto es así que se le premia permitiendo llevar sus presas a Pasajes, su pueblo natal. Pero enseguida es requerido por sus superiores y en 1706 se le ordena abastecer a los sitiados de Barcelona al mando de una pequeña flotilla. Sirviéndose de su aguda inteligencia realiza su cometido brillantemente, escapa una y otra vez del cerco que establecen los ingleses para evitar el aprovisionamiento. Para ello deja flotando y ardiendo paja húmeda con el fin crear un densa nube de humo que los protegiera, pero además carga «sus cañones con unos casquetes de armazón delgada con material incendiario dentro, que, al ser disparados prendía fuego a los buques británicos». Los británicos se ven impotentes ante tal despliegue de ingenio. Posteriormente se le destaca a la fortaleza de Santa Catalina de Tolón donde toma contacto con la defensa desde tierra firme en combate contra los saboyanos. En está acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le aloja en su ojo izquierdo que explota en el acto, perdiendo así para siempre la vista del mismo.

Formado como marino en la armada francesa, ingresó en 1701 como guardiamarina y en 1704 combatió en la Guerra de Sucesión española como tripulante de la escuadra francesa que se enfrentó a las fuerzas combinadas de Inglaterra y Países Bajos en la batalla librada frente a Vélez Málaga. Allí perdió Lezo la pierna izquierda. Ascendido a alférez de navío, asistió al socorro de Peñíscola y de Palermo en Sicilia; estos y otros méritos le valieron un nuevo ascenso a teniente de navío. Tomó parte en la defensa del Castillo de Santa Catalina en Tolón, donde perdió el ojo izquierdo. Ostentó el mando de diversos convoyes que llevaban socorros a Felipe V, burlando la vigilancia inglesa sobre la costa catalana. En 1711 sirvió en la Armada a las órdenes de Andrés Pérez. En 1713 ascendió a capitán de navío y en 1714 perdió el brazo derecho en el segundo sitio de Barcelona. En esa época, y al mando de una fragata, apresó once navíos británicos, entre ellos el emblemático Stanhope, buque muy bien armado y pertrechado.

Tras una breve convalecencia es destinado al puerto de Rochefort donde es ascendido a Teniente de Guardacostas en 1707. Allí realizará otra gran gesta rindiendo en 1710 una decena de barcos enemigos, el menor de 20 piezas, y sometiendo en un impresionante combate al Stanhope (70) comandado por John Combs que le triplicaba en fuerzas. Se mantuvo un cañoneo mutuo hasta que las maniobras de Lezo dejaron al barco enemigo a distancia de abordaje, momento en el que ordenó lanzaran los garfios para llevarlo a cabo: «Cuando los ingleses vieron aquello entraron en pánico». Al abordaje los españoles casi siempre superaban a sus rivales por tanto está versión no debió diferir demasiado con la realidad pues sino no se explica que saliera victorioso cuando la tripulación de Lezo era notablemente menor que la de Combs. Sea como fuere, Blas de Lezo se cubre de gloria en tan fenomenal enfrentamiento, en el que incluso es herido, y es ascendido a Capitán de Fragata.

En 1712 pasa a servir a la incipiente Armada española en la flota de Andrés del Pez ya que no tenía sentido seguir en la francesa al distanciarse los monarcas español y francés. Este afamado almirante quedo maravillado ante la valía de Lezo y emitió varios escritos que le valieron su ascenso a Capitán de Navío un año más tarde. Posteriormente participa en el asedio a Barcelona al mando del Campanella (70), en el que el 11 de septiembre de 1714 se acerca con demasiado ímpetu a sus defensas y recibe un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, quedando la extremidad sin apenas movilidad hasta el fin de sus días. De esta manera con sólo 25 años tenemos al joven Blas de Lezo tuerto, manco y cojo.

En 1715 al mando de Nuestra Señora de Begoña (54) y ya repuesto de sus heridas se dirige en una extensa flota a reconquistar Mallorca, que se rinde sin un solo fogonazo.

Terminada la Guerra de Sucesión, se le confió el buque insignia Lanfranco. Un año después parte hacia La Habana escoltando una flota de galeones en el Lanfranco (60), barco que será retirado de servicio debido a su calamitoso estado a su regreso a Cádiz.

Allí se queda hasta 1720, cuando se le asigna un nuevo navío bautizado también como Lanfranco (62), también conocido como León Franco y Nuestra señora del Pilar, y se le integra dentro de una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdizu con el cometido de limpiar de corsarios y piratas los llamados Mares del Sur, o lo que es lo mismo las costas de Perú. La escuadra estaba compuesta por parte española de cuatro buques de guerra, una fragata y por parte francesa por dos navíos de línea. Sus primeras operaciones fueron contra los dos barcos, el Success (70) y el Speed Well (70) del corsario inglés John Clipperton, que logró evitarles y tras hacer algunas capturas huyó a Asia, donde fue capturado y ejecutado.

Contrajo matrimonio en el Perú en 1725.

En 1730 regresó a España y fue ascendido a jefe de la escuadra naval del Mediterráneo; con este cargo marchó a la República de Genova para reclamar el pago de los dos millones de pesos pertenecientes a España que se hallaban retenidos en el Banco de San Jorge, lo que consiguió, además de un homenaje a la bandera española, bajo la amenaza de bombardear la ciudad.

En 1732, a bordo del Santiago, mandó una expedición a Orán con 54 buques y 30.000 hombres y rindió la ciudad, si bien cuando se marchó, Bay Hassan logró reunir tropas y sitiarla; Lezo retornó en su socorro con seis navíos y 5.000 hombres y logró ahuyentar al pirata argelino, tras reñida lucha. No contento con esto, persiguió su nave capitana de 60 cañones, que se refugió en la bahía de Mostagán, baluarte defendido por dos castillos fortificados y 4.000 moros. Ello no arredró a Lezo, que entró tras la nave argelina despreciando el fuego de los fuertes, incendiándola y causando además grave ruina a los castillos. Patrulló después durante meses aquellos mares impidiendo que los argelinos recibieran refuerzos de Estambul, hasta que una epidemia le forzó a regresar a Cádiz.

En 1734 el rey le ascendió a teniente general de la Armada. Regresó a América con los navíos Fuerte y Conquistador en 1737 como comandante general de Cartagena de Indias, plaza que tuvo que defender, de un sitio (1741) al que la sometió el ataque del almirante inglés Edward Vernon. La excusa de los ingleses para iniciar un conflicto con España fue por el apresamiento de un barco corsario comandado por Robert Jenkins. El capitán de navío Julio León Fandiño apresó el barco corsario, y cortó la oreja de su capitán al tiempo que le decía (según el testimonio del inglés) Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve. A la sazón, el tráfico de ultramar español se veía constantemente entorpecido e interrumpido por los piratas ingleses. En su comparecencia ante la cámara de los lores, Jenkins denunció el caso con la oreja en la mano, de ahí que el conflicto se llamara la «Guerra de la oreja de Jenkins».

Vernon estaba envalentonado tras el saqueo de la mal guarnecida plaza de Portobelo, y el inglés desafió a Lezo, a lo que el marino español contestó: «Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía». La flota inglesa, la agrupación de buques de guerra más grande que hasta entonces había surcado los mares (2.000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte y 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica, más 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George Washington), superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II. Esta flota ha sido la segunda más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la II Guerra Mundial. Para hacerse idea del mérito estratégico de la victoria, baste decir que las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África el Dragón y el Conquistador. Blas de Lezo, sin embargo, contaba con la experiencia de 22 batallas. Fue una gran victoria con una enorme desproporción entre los dos bandos.

Tan colosal derrota de los ingleses aseguró el dominio español de los mares durante más de medio siglo hasta que lo perdió en Trafalgar, cosa que la historia inglesa no reconoce. Humillados por la derrota, los ingleses ocultaron monedas y medallas grabadas con anterioridad para celebrar la victoria que nunca llegó. Tan convencidos estaban de la derrota de Cartagena que pusieron monedas en circulación que decían en su anverso: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «La arrogancia española, humillada por el almirante Vernon».

Fue justo lo contrario. Fue la derrota más importante que tuvo nunca Inglaterra. Con sólo 6 navíos y 2.830 hombres, y mucha imaginación, Blas de Lezo derrotó a Vernon, que traía 180 navíos y casi 25.000 hombres.

El héroe falleció en dicha ciudad al contraer la peste. Enfermedad generada en la ciudad por los cuerpos insepultos ocasionados por los sucesivos combates.

Pocos fueron los que acudieron a su entierro por temor a las represalias del Virrey de la ciudad, Eslava. Este último había tenido continuados enfrentamientos con Don Blas de Lezo a causa de las decisiones tomadas en la defensa de la ciudad durante el sitio inglés.

Su memoria es honrada por la Armada Española, donde su nombre se recuerda con el mayor honor que puede rendirse a un marino español, siendo costumbre que exista un navío de la Armada bautizado con su nombre. El último, una fragata de la clase F-100, la F-103 "Blas de Lezo". Sin embargo, aunque las proezas de Blas de Lezo estén a la altura de los más grandes héroes de la historia, es un personaje prácticamente olvidado con el que los españoles estamos en deuda.

Fuente: http://enlamemoria.iespana.es/

¡Resistir, Resistir!

¡Resistir, Resistir!

LA DIVISION AZUL Y SU GESTA HEROICA CONTRA LA BARBARIE COMUNISTA

"Camaradas, no es hora de discursos; pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra guerra civil. Culpable del asesinato de José Antonio, nuestro fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo. El exterminio de la Unión Soviética es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa".

El 24 de junio de 1941 cientos de miles de personas se volcaron a las calles de las principales ciudades de España bajo una misma consigna: "Rusia es culpable" No hacían falta más palabras. Al día siguiente inmediatamente comenzó el reclutamiento de voluntarios, cuya cantidad sobrepasó cualquier cálculo previo del mismísimo gobierno español.Pero lo notable de la División Azul, también conocida como la División 250, tal como fue rebautizada operativamente por el mando alemán, es que no se conformó por una leva normal, sino que surgió de un genuino clamor popular que reclamó sumarse a la cruzada anticomunista.

Héroes hasta el final

10 de febrero de 1943. Batalla de Krasny Bor. El Miércoles Negro de la División Azul

Publicado en minutodigital.com

En los arrabales del Leningrado asediado, sobre la carretera a Moscú, está la población de Krasny Bor que el 10 de febrero de 1943 dio nombre a la más feroz y sangrienta batalla en la que combatió la División Azul, la 250ª en la orgánica alemana. Estaba compuesta por voluntarios españoles alistados para luchar contra el comunismo soviético en lo que muchos entendían entonces como la “devolución de la visita” que hicieron a España los comunistas enrolados en las Brigadas Internacionales que vinieron a combatir en España durante la Guerra Civil. Otros miles de europeos -franceses, italianos, belgas, etc.- hicieron lo mismo en otras unidades incorporadas al despliegue alemán.

En aquel invierno ruso las temperaturas diurnas apenas subían de 12 bajo cero y las nocturnas llegaban hasta los 20, 30 o más, bajo cero.

La División tenía asignado un frente de 34 kilómetros; hacía poco que se había incorporado un nuevo batallón de relevo para cubrir sus bajas. Había muchos indicios que anunciaban un inminente y potente ataque ruso. El sector oriental del frente español, mandado por el Coronel Sagrado, estaba defendido por los batallones I y II del regimiento 262, el Batallón de Reserva Móvil -”la Tía Bernarda”- y otras unidades -artilleros, zapadores, reconocimiento, etc.-, dando un total de unos 4.200 hombres; contra ellos se dirigiría todo el peso del esfuerzo principal soviético.

El volcán

A las 06.45 la masa artillera soviética -que ha sido cifrada entre 600 y 800 piezas- abrió fuego simultáneamente sobre las primeras líneas españolas. Tras hora y media de bombardeo, algo después de las 08.00, alargaron los tiros. A continuación, grandes masas de rusos -las divisiones 63ª y 72ª reforzadas con carros de combate- avanzaron confiados porque las posiciones españolas estaban literalmente pulverizadas. Efectivamente, las compañías españolas habían sufrido una media del 50 % de bajas. A pesar de ello, una vez repuestos de la conmoción, sanos y heridos, con las armas aprovechables, defendieron sus posiciones.

A cada batallón español se le venía encima más de una división rusa. Lo que siguió fue una sucesión interminable de ataques y contraataques llenos de prodigios de valor y heroísmo. La compañía del Capitán Oroquieta quedó aniquilada; la del Capitán Palacios, casi; la del Capitán Andújar, diezmada, y la del Capitán Huidobro se defendió numantinamente animada por sus voces de “¡Esto no es nada, chicos. ¡No pasarán! ¡Somos españoles!”. El Capitán Losada llegó a pedir a la artillería propia “Fuego sobre mi posición”. “La Tía Bernarda” quedó con 13 hombres, 5 de ellos heridos. Las posiciones quedaron rodeadas, aisladas y machacadas, pero seguían frenando el avance soviético. Los rusos se equivocaron al querer reducirlos, lo que les hizo perder impulso y muchas bajas.

La batalla estaba consumiendo las unidades españolas. El general reforzó el frente y llegó a pedir voluntarios al Batallón de Regreso que, 20 kilómetros atrás, estaba a punto de salir para España tras haber acabado su tiempo de servicio. Todos sus oficiales y 100 sargentos y tropa decidieron, en tan dramáticas circunstancias, ir a ayudar a sus compañeros en la batalla.

El día acabó y la batalla también, pero los refuerzos alemanes llegaron tarde. El frente apenas había retrocedido unos 3 kilómetros. El ataque soviético no había conseguido romper el cerco alemán sobre Leningrado.

Sólo en este día los españoles sufrieron 2.252 bajas (1.125 muertos, 91 desaparecidos y 1.036 heridos). Además, unos 300 españoles, casi todos heridos, cayeron prisioneros. Los soviéticos perdieron 10.000 hombres.

Conocidos posteriormente los detalles de las heroicas actuaciones individuales, se concedieron 2 ‘laureadas’ y 11 Medallas Militares.

Opiniones sobre la batalla

Los estadounidenses Kleinfeld y Tambs han dejado escrito: “Los generales del Ejército Rojo estaban muy sorprendidos de que alguien hubiera quedado vivo tras la tremenda preparación artillera y se resistían a aceptar las enormes pérdidas que les causaron los islotes y las artillerías alemana y española”.

Mucho antes había dicho el General Muñoz Grandes: “Duro es el invierno, duros son los rusos, pero más duros somos nosotros”.

Y Hitler dijo: “Los españoles no han cedido nunca una pulgada de terreno. No tengo idea de seres más impávidos; apenas se protegen; desafían la muerte. Sé que los nuestros están siempre contentos de tener a los españoles como vecinos del sector. Son extraordinariamente valientes, duros para las privaciones, pero ferozmente indisciplinados”.

Antonio Manzano. Atenea Seguridad y Defensa

Sobre los Tercios Españoles

Sobre los Tercios Españoles

LOS TERCIOS; SOLDADOS INMORTALES

Escrito por Conde-Duque en :

http://www.elgrancapitan.org/portal/index.php/articulos/historia-militar/867-los-tercios-soldados-inmortales

“Españoles en la mar quiero, y si es en tierra San Jorge nos proteja”...
Así reza un proverbio inglés desde hace siglos al buen hacer de la infantería española y al gran manejo que con las armas hacían los mismos en los combates cuerpo a cuerpo, especialmente con la espada y la daga –llamada vizcaína-, eran manejadas por aquellos infantes españoles con una destreza y bravura como ningún otro soldado de su época...

emperador Carlos V
Se le debe al emperador Carlos V, la creación formal de los Tercios en 1534, formando el Tercio de Lombardía y al que se le unirían posteriormente los que se conocerían como “Tercios viejos”; Lombardía, Nápoles, Sicilia, Brabante y Cartagena.


Los Tercios españoles dominaron los campos de batallas de Europa durante todo el siglo XVI y el primer cuarto del siglo XVII, siendo muy temidos y respetados por todos aquellos adversarios que la joven España tenía por aquellos remotos y controvertidos siglos.

Fue el emperador Carlos V, Rey de España y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien creó los Tercios de manera oficial en el año 1534, formando los primeros Tercios en Italia -conocidos como “Tercios viejos”-, pero podemos remontarnos al reinado de los Reyes católicos cuando ya unidades de infantería comparables a los Tercios fueron creadas para defender las posesiones españolas en Italia y realizar las incursiones en el Norte de África en la lucha contra los piratas berberiscos que amenazaban las costas españolas.

Los hombres que nutrían las filas de los Tercios españoles, eran voluntarios en su gran mayoría, contratados para campañas militares concretas o para periodos de tiempo establecidos, eran soldados mercenarios, con el transcurso del tiempo se fueron convirtiendo más en tropas profesionales permanentes, que habían acabado enrolándose en gran parte como salida a una vida de penurias y de hambre, eran gentes de procedencia humilde o hidalgos venidos a menos, pero todos ellos endurecidos por la crudeza de la vida en aquellos tiempos, otros eran simples mercenarios que no sabían otra cosa que no fuera desenvainar su espada y envainarla manchada con la sangre de sus enemigos y donde los futuros botínes que pudieran tomar en los saqueos y capturas al enemigo eran suficientes para reclamar su atención. También el hecho que se pudiera ir ascendiendo dentro de la jerarquía militar, peldaño a peldaño, sin importar la condición social de que se viniera, significaba un gran reclamo, ya que en aquella época daba mucho prestigio y era algo apreciadísimo en la sociedad española la distinción y jerarquía que se tuviera...en definitiva eran hombres endurecidos por la batalla y por la vida que les tocó vivir, pícaros, disciplinados como ningún otro en los campos de batalla, diestros con la espada, enormemente valientes y con un gran sentido del honor que aquella época requería y emanaba.

Los Tercios españoles estuvieron formados por todo tipo de nacionalidades que comprendían por aquellos años las posesiones españolas a lo largo del Continente, por tanto podíamos encontrar; italianos, valones, suizos, borgoñones, flamencos...aunque las tropas españolas, siempre se procuraron que estuvieran en Tercios independientes a los extranjeros, eran la base de aquella máquina perfecta de guerreros que recordaban a las antiguas legiones romanas, eran la flor y nata del ejército.

Los tiempos de gloria de la infantería española estuvieron dirigidos a cargo de generales ilustres y que han pasado con letras de oro a la historia militar española y mundial: Don Gonzalo Fernández de Córdoba “el Gran Capitán” quizás sea su principal precursor y uno de los mas afamados jefes de los ejércitos españoles, pero no el único...Don Juan de Austria, Alejandro Farnesio, Ambrosio de Spínola, Conde de Tilly o el mismísimo Duque de Alba, por poner algunos ejemplos, han dirigido a la infantería española por tierras hostiles y lejanas, infundiendo el temor y el respeto que su solo nombre producía en los enemigos de España.

Duque de Alba
Si hay un hombre que infundió auténtico pavor en Flandes al mando de los Tercios, ese fue sin duda el Duque de Alba, quien como consecuencia de la tremenda represión y dureza con que reprimió los levantamientos protestantes sería recordado como símbolo de terror y sometimiento de generación en generación. También se le atribuyen grandes innovaciones militares en los Tercios durante el siglo XVI.

 

Los Tercios españoles fueron evolucionando y variando en su organización en gran medida con el paso de los años, pero podemos enfocar el encuadramiento de dicha unidad en tres clases de combatientes: piqueros, arcabuceros y mosqueteros, aunque antes de la evolución que tomaron las armas de fuego, se utilizaban ballesteros y espingarderos junto a los piqueros. Estaban encuadrados en compañías (unos 250 hombres aprox. cada una), y cada cuatro compañías se establecía una coronelía (1000 hombres), y tres de éstas formaban el Tercio, que solía constar de unos 3000 hombres aproximadamente, aunque a la hora de la verdad las filas estaban siempre bastante mermadas y el número real de combatientes distaba mucho de lo que se presuponía

Sargento, arcabucero y piquero
Sargento, arcabucero y piquero de los Tercios durante el reinado del emperador Carlos V.

Al frente del Tercio estaba un maestre de campo, establecido por nombramiento real, seguido de un sargento mayor que hacía las funciones de primer ayudante y segundo jefe al frente del Tercio correspondiente. Cada coronelía era dirigida por un Coronel, y las compañías eran dirigidas por los respectivos capitanes, encargados de reclutar a la tropa cuando así se requería y responsables de la formación de la misma.

Capitán de los Tercios de Flandes en la primera mitad del siglo XVII.
Capitán de los Tercios de Flandes en la primera mitad del siglo XVII.


Dentro de los Tercios había una figura muy importante: El Alférez, era el lugarteniente del Capitán a quien sustituía cuando éste se hallaba enfermo, herido o ausente. Era responsable de la bandera, que debía portar en los combates y en las revistas.
Además dentro de cada compañía había una figura, los sargentos, que ayudaban a mantener la disciplina en las filas y velar por que se cumplieran y realizaran adecuadamente las ordenes recibidas por el capitán.
Además en todos los Tercios había capellanes, cirujanos, pífanos, tambores, que realizaban las labores propias de su cargo. Especialmente la religión estaba muy inculcada en los ejércitos españoles donde la función de los capellanes era fundamental para inculcar la fe y la fuerza divina en los bravos guerreros españoles.

 

Junto a los Tercios en las campañas militares, les seguía un tropel de personas vinculadas a los mismos sin pertenecer a la estructura militar, como familiares, prostitutas, vivanderos...etc, en cierta medida recuerda a todo el séquito que seguía a las legiones de Roma en sus campañas y que formaban auténticas ciudades en torno a los campamentos militares.
Evidentemente los mandos intentaban mantener una férrea disciplina en sus hombres para que todo este conglomerado social no se convirtiera en un desmadre.

En los siglos que tratamos no había una uniformidad establecida, sino que cada cual vestía conforme su condición económica y social se lo permitía, sus ropas iban convirtiéndose con las inclemencias del tiempo y las duras condiciones de los combates, en harapos y mas bien en muchas ocasiones como consecuencia de la indebida reposición de vestimenta, tenían mas aspecto de vagabundos que de los soldados de uno de los mas grandes Imperios que el mundo ha conocido.
Para su identificación con las armas españolas, aparte de los estandartes propios de cada unidad, los ejércitos españoles de la época abanderaban la Cruz de Borgoña – según los manifiestos se empezó a utilizar por primera vez en la batalla de Pavía en Febrero de 1525-, los componentes de los Tercios solían llevar un aspa en el pecho o bien lazos o trozos de tela en el cuerpo siempre de color rojo. Contaban con el mejor acero de la época y con la mejor formación que los expertos veteranos iban inculcando en los nuevos reclutas que iban sumándose a las filas de los ejércitos españoles.

 

Cruz Borgoña
Cruz de Borgoña, estandarte que llevaban los Tercios españoles desde 1525 y que quedaría como enseña para los ejércitos españoles en las banderas coronelas de los ejércitos.

 

 


 

Bandera del Tercio de “morados viejos”.
Bandera del Tercio de “morados viejos”.

 

 


 

Bandera del Tercio de Ambrosio de Spínola.
Bandera del Tercio de Ambrosio de Spínola.

 

Durante la época que tratamos de los Tercios, principalmente durante el siglo XVII, las guerras solían llevarse acabo estableciendo sitios a plazas principalmente, pero era en campo abierto donde la infantería española marcaba su supremacía absoluta, era una fuerza de choque de amplia autonomía y gran capacidad de maniobra y de potencia de fuego, debido a la acertada combinación entre armas blancas y de fuego.

Alejandro Farnesio, uno de los generales mas ilustres con que contaron las armas españolas, destacó en la campaña de Lepanto (1571) contra los turcos y en el campo militar y diplomático en la lucha contra los rebeldes flamencos en los Países Bajos.
Alejandro Farnesio, uno de los generales mas ilustres con que contaron las armas españolas, destacó en la campaña de Lepanto (1571) contra los turcos y en el campo militar y diplomático en la lucha contra los rebeldes flamencos en los Países Bajos.



La gran cohesión existente entre cada una de las clases de combatientes que antes se han expuesto hacía que los Tercios se convirtieran en una magnífica máquina de guerra, se establecían formando un cuadro de formación cerrada, llamado escuadrón de picas, en el que los piqueros -con lanzas que superaban los 4 metros de longitud- formaban una barrera infranqueable y tras la cual se refugiaban los mosqueteros y arcabuceros, una vez que hacían fuego sobre el enemigo, éstos estaban apostados en las esquinas del cuadro dando protección al mismo y mezclados entre las líneas de picas.
Los Tercios eran apoyados por artillería y en algunas ocasiones contaban con pequeñas unidades de caballería para proteger sus flancos o perseguir al enemigo una vez eran derrotados.

Estas técnicas innovadoras en el arte militar durante el siglo XVI y magistralmente llevadas acabo por los grandes generales con que contó la infantería española fueron copiadas por los enemigos del Imperio español y perfeccionadas a lo largo del siglo XVII por enemigos tan brillantes como Gustavo Adolfo II de Suecia.

 

 

Un jinete herreruelo de la caballería española dispara a un sargento alemán al servicio de Francia durante la Batalla de San Quintín en Agosto de 1557, donde los Tercios lograron una gran victoria sobre el ejército de Enrique II de Francia.
Un jinete herreruelo de la caballería española dispara a un sargento alemán al servicio de Francia durante la Batalla de San Quintín en Agosto de 1557, donde los Tercios lograron una gran victoria sobre el ejército de Enrique II de Francia.

 

En aquellos tiempos para el Imperio de los Austrias, en que poseían tierras a todo lo ancho y largo del mundo, donde decían que en sus territorios “nunca se ponía el Sol”, mantenía una poderosa flota con la que proteger sus posesiones y rutas con América, de la cual procedía principalmente la riqueza que costeaba las guerras en las que estaba España inmersa. Ingleses y holandeses fueron superando poco a poco a la Armada española en cuanto al control de los mares e incluso superándola en tácticas navales y el adiestramiento de los marineros que ocupaban las embarcaciones, por lo que los galeones españoles procuraban abordar las naves enemigas, sabiéndose de la enorme superioridad en el cuerpo a cuerpo de su infantería, hasta en la mar eran temidos los infantes españoles cuando de manejar la espada y el arcabuz se trataba...

 

Mapa
Posesiones del Imperio español durante el siglo XVI, sin contar los territorios de la corona portuguesa que recaería en manos de Felipe II en 1581.

 

Las victorias españolas de Ceriñola (1503), Garellano (1503), Orán (1509), Bicocca (1522) Pavía (1525), Mühlberg (1547), San Quintín (1557), Gravelinas (1558), Gemmingen (1568), Lepanto (1571), Mock (1574), Maastrich (1579), Amberes (1585), Ostende (1604), Breda (1625), Nördlingen (1634), han pasado a la historia como grandes gestas de nuestros Tercios en los campos de honor, en esos campos llenos de la sangre derramada por aquellos hombres que sin ser ejemplo del momento histórico que les toco vivir en lo social y humano, si fueron los mejores soldados de su tiempo.

 

las Lanzas
Cuadro de “las lanzas” del pintor Diego de Velázquez donde se representa el triunfo de las armas españolas en la rendición de la plaza de Breda por el magistral general genovés al servicio de España, Ambrosio de Spínola.

Nuestros Tercios combatieron en África, Italia, Europa central, a lo largo de todo el Mediterráneo e incluso muchos de esos primeros hombres soldado que estuvieron a las ordenes del “Gran Capitán”, cruzaron el inmenso mar del Atlántico en busca de fortuna y aventuras hacia el Nuevo Mundo, pero es en tierras flamencas, en tierras de Flandes, donde nuestros afamados Tercios sostenían a sangre y fuego los territorios que los Austrias se negaban a dejar en manos de protestantes y herejes flamencos, donde las guerras de religión se llevaban hasta las mas terribles consecuencias y donde la sangre y el odio sembraban unas tierras que tardarían en ver la paz, allí es donde se originó la leyenda de tan bravos soldados.
Fue allí, en Flandes, donde nuestros ejércitos lucharon contra todas aquellas potencias que estaban destinadas a relevar en la supremacía mundial a las armas españolas; franceses, ingleses y holandeses, todos ansiaban desposeer de aquellas tierras de los Países Bajos a la poderosa pero exhausta España, por allí nos desangrábamos, allí se fundieron principalmente las riquezas que llegaban de América, en las interminables, costosas y sangrantes guerras de Flandes.

Allí España se veía rodeada y amenazada de enemigos por todos lados, en tierra hostil, donde cada vez se hacía mas difícil establecer rutas para el suministro y abastecimiento de las tropas que allí estaban acantonadas, o bien para los nuevos refuerzos que se solicitaban, de ahí el dicho “poner una pica en Flandes”, dando a entender un hecho que conlleva bastante dificultad para llevarse acabo, en alusión al grave problema que ocasionó a España durante el siglo XVII la recluta y formación de buenos soldados y el poder enviarlos en rutas seguras hasta tierras de los Países Bajos.

La grandeza y efectividad de los Tercios fue decreciendo con el paso del tiempo y con la llegada a la corona española de reyes ineptos y despreocupados de las tropas que tantos títulos, súbditos y tierras les habían otorgado. Atrás quedaron reyes vinculados a sus hombres de armas como fueron el gran Carlos V y su hijo y sucesor Felipe II, que sin tener el carisma de su padre, fue un monarca de buen hacer. Con la llegada al trono de reyes como Felipe III y Felipe IV, despreocupados de los problemas que acuciaban al Imperio y a las tropas españolas que lo sostenían, establecidas en la interminable y desmoralizante guerra de Flandes, crearon un descuido imperdonable en los ejércitos españoles, que yacían mal vestidos y alimentados, descuidados, y en las ocasiones en que permanecían ociosos se dedicaban al saqueo y al pillaje, provocando motines, en muchas ocasiones producidos por la falta o retraso en las pagas, la escasez de alimentos y las duras condiciones de vida, conocido es el tremendo castigo y terror que producía en las poblaciones la llamada “furia española”, como ocurrió por ejemplo en el saqueo de Amberes en 1576.
Este horror y odio que sembraban los soldados españoles fue en detrimento de España que veía como la causa protestante en los Países Bajos se hacía cada vez mas enconada y conseguía mas afectos.
Todas estas desavenencias unidas al estancamiento en las tácticas militares y el avance que sus enemigos habían llevado acabo en el campo militar, provocaron la decadencia paulatina de los Tercios españoles, que fueron dejados a su suerte por unos monarcas despreocupados de sus responsabilidades y que dejaron en manos de validos como en el caso del Duque de Lerma, que bien solo se preocuparon de desangrar aún mas las arcas del Estado para su propio beneficio, y que sin estar capacitado lo mas mínimo para una empresa tan difícil y necesaria como requería España, se comportó mas como enemigo de la Nación que como un soberano del Imperio. En otros casos hubo gobernantes como el Conde-Duque de Olivares que a pesar de tener buenas intenciones en sus actos y de intentar por todos los medios mantener los territorios españoles, las continuas guerras a las que el Imperio estaba sometido, la quiebra económica producida por los enormes gastos de la corona y los continuos levantamientos ya vinieran de fuera o dentro de nuestras fronteras provocaron el descalabro del Imperio español en Europa y su supremacía del Continente en detrimento de Francia.

 

Siempre se ha hecho creer que la batalla de Rocroi acontecida en Mayo de 1643, frente a los ejércitos franceses, fue la sepultura de los Tercios españoles, pero su ocaso fue paulatino y progresivo y no podemos establecerlo de repente en esa fecha fatídica para las armas españolas y en las que el desenlace de la batalla estuvo muy cerca de ser una victoria para los ejércitos imperiales.

 

Rocroi
La Batalla de Rocroi en Mayo de 1643, supuso una gran derrota de los Tercios españoles ante el ejército francés del Duque de Enghien, pero no podemos atribuir esta derrota como ocaso final de los Tercios, sino que su decadencia fue de manera paulatina y progresiva a lo largo del siglo XVII.

 


Atrás quedan tiempos de gloria y tiempos de ocaso para nuestros Tercios, que grabaron con el filo de sus picas y espadas y el tronar de sus arcabuces y mosquetes la furia española, la bravura de los hombres de Castilla, de Aragón y de tierras vascongadas, esos gritos de: Santiago! y Cierra España! que aún retumban por tierras de Europa, de África o América donde los infantes españoles lucharon y quedaron imperecederos ante el paso del tiempo, junto a las antiguas legiones de Roma, como los mejores infantes que los campos de batalla han conocido.


España mi natura,
Italia mi ventura,
Flandes mi sepultura.



Fuentes:

-- Los Tercios en las campañas del Mediterráneo s.XVI (Eduardo de Mesa) Almena 2002.
-- El Ejército y la Armada (Manuel Jiménez González) Almena 2003.
-- El Sol de Breda (Arturo Pérez Reverte) Alfaguara 2004.
-- La batalla de San Quintín (Eduardo de Mesa) Almena 2004.
-- Rocroi 1643 (Mario Díaz Gavier) Almena 2006.
-- Breda 1625 (Mario Díaz Gavier) Almena 2007.
-- http://es.geocities.com/capitancontreras/

Tercios Españoles

Tercios Españoles

"Antes muertos que rendirse"

Video homenaje a la infantería legendaria que fueron los tercios españoles.

Canción: El camino del guerrero
Grupo: Sangre y oro

 

Poema A la Patria de Jose de Espronceda

Poema A la Patria de Jose de Espronceda

 

ELEGÍA

¡Cuán solitaria la nación que un día
poblara inmensa gente!
¡La nación cuyo imperio se extendía
del Ocaso al Oriente!
Lágrimas viertes, infeliz ahora,
soberana del mundo,
¡y nadie de tu faz encantadora
borra el dolor profundo!
Oscuridad y luto tenebroso
en ti vertió la muerte,
y en su furor el déspota sañoso
se complació en tu suerte.
No perdonó lo hermoso, patria mía;
cayó el joven guerrero,
cayó el anciano, y la segur impía
manejó placentero.
So la rabia cayó la virgen pura
del déspota sombrío,
como eclipsa la rosa su hermosura
en el sol del estío.


¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!,
contemplad mi tormento:
¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores
al dolor que yo siento?
Yo desterrado de la patria mía,
de una patria que adoro,
perdida miro su primer valía,
y sus desgracias lloro.
Hijos espurios y el fatal tirano
sus hijos han perdido,
y en campo de dolor su fértil llano
tienen ¡ay!, convertido.
Tendió sus brazos la agitada España,
sus hijos implorando;
sus hijos fueron, mas traidora saña
desbarató su bando.
¿Qué se hicieron tus muros torreados?
¡Oh mi patria querida!
¿Dónde fueron tus héroes esforzados,
tu espada no vencida?
¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente
está el rubor grabado:
a sus ojos caídos tristemente
el llanto está agolpado.
Un tiempo España fue: cien héroes fueron
en tiempos de ventura,
y las naciones tímidas la vieron
vistosa en hermosura.
Cual cedro que en el Líbano se ostenta,
su frente se elevaba;
como el trueno a la virgen amedrenta,
su voz las aterraba.
Mas ora, como piedra en el desierto,
yaces desamparada,
y el justo desgraciado vaga incierto
allá en tierra apartada.
Cubren su antigua pompa y poderío
pobre yerba y arena,
y el enemigo que tembló a su brío
burla y goza en su pena.
Vírgenes, destrenzad la cabellera
y dadla al vago viento:
acompañad con arpa lastimera
mi lúgubre lamento.
Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares,
lloremos duelo tanto:
¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?,
¿quién secará tu llanto?

Rodrigo Díaz, El Cid Campeador

Rodrigo Díaz, El Cid Campeador

Rodrigo Díaz nació en Vivar, pequeña aldea situada a 7 kilómetros de la ciudad de Burgos en 1043. Hijo de Diego Laínez, noble caballero de la Corte Castellana y de una hija de Rodrigo Alvarez. Descendiente es por línea paterna de Laín Calvo, uno de los dos Jueces de Castilla.
Héroe nacional, Rodrigo Díaz, el Cid, es el más universal de los burgaleses, caballero con las máximas virtudes,vencedor de numerosas batallas con su célebre espada Tizona y la espada Colada,era un guerrero fuerte y leal, justo y valiente, prudente y templado.

"Ya entra el Cid Ruy Díaz por Burgos; sesenta pendones le acompañan.
Hombres y mujeres salen a verlo, los burgaleses y burgalesas se asoman a las ventanas: todos afligidos y llorosos.
De todas las bocas sale el mismo lamento: ¡Oh Dios, qué buen vasallo si tuviese buen Señor!"(El Cantar del Mio Cid)

El 10 de julio de 1099, muere el caballero Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Toda la cristiandad lloró su muerte.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro con doce de los suyos
polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.

 

Radio María. Una importante labor

Radio María. Una importante labor

 “Dijo el Señor a Abraham: Sal de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre y ven a la tierra que te mostraré, yo haré de ti una nación grande” (Gén. 12, 1-2)

La razón de ser de RADIO MARÍA - dicen los Principios Guía del apostolado de RADIO MARÍA - es la Salvación de las almas, es decir, el anuncio de la conversión proponiendo de un modo nuevo la fe católica a través de la radio”.
RADIO MARÍA tiene, por tanto una misión: anunciar el mensaje de salvación, que es Cristo mismo, y es, además, una radio misionera organizada dentro de la familia Mundial de RADIO MARÍA .

RADIO MARÍA pertenece a una familia apostólica que quiere llevar el mensaje de Cristo hasta los confines de la tierra. Expresión de este espíritu misionero es la disponibilidad de cada nuevo país -donde nace una nueva RADIO MARÍA - de ayudar a la creación de nuevas radios una vez alcanzada la suficiente cobertura en el propio territorio.

http://www.radiomaria.es/

 

 

En la memoria de la Historia de España

En la memoria de la Historia de España

"Ojalá Fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia"

José Antonio Primo de Rivera
Noviembre de 1936

¿Luchas de clases?

¿Luchas de clases?

Es sabido cómo la técnica de agitación marxista divide a todos los hombres en dos clases: supuestos oprimidos o explotados y supuestos opresores y explotadores. Y llevada tal consigna a un plano real y diario, de lucha económica y social, el marxismo localiza y destaca para que se despedacen estas dos clases únicas: patronos contra obreros, obreros contra patronos.

Nosotros sabemos, y es uno de los motivos críticos fundamentales en que fundamos nuestra posición antimarxista, que el enemigo social de los obreros no es generalmente el patrono, sino que hay otro linaje de poder económico y político al que debe señalársele como enemigo, y no sólo de los obreros, sino de los obreros y patronos juntamente: el gran capital especulador y financiero.

Por eso, ante la lucha de clases tal como la conciben criminal y erróneamente los marxistas, nosotros presentamos otro cuadro de rivalidades sociales. Si hay luchas de clases, éstas son para nosotros las clases:

 

Capaces contra ineptos.

Laboriosos contra vagos.

Generosos contra ramplones.

Animosos contra cobardes.

Patriotas contra descastados.

Y todos los españoles contra los grandes especuladores y prestamistas.

Pues ahí aparecen las soluciones deseables:

Que a los españoles ineptos los sustituyan los españoles capaces.

Que los españoles laboriosos imperen sobre los vagos.

Que los españoles con capacidad de sacrificio y alma limpia preponderen frente a los egoístas y ramplones.

Que los españoles animosos y viriles no permitan el imperio de los más cobardes y encogidos.

Y que los españoles patriotas impongan su ley a los descastados y traidores.

 

Ramiro Ledesma Ramos

 

(«La Patria Libre», n. 2, 23 - Febrero - 1935)
    
                             
 

 

BREVE GENEALOGÍA DE LOS AUSTRIAS ESPAÑOLES

BREVE GENEALOGÍA DE LOS AUSTRIAS ESPAÑOLES

Predecesor:
Alfonso de Trastámara y Avís
Princesa de Asturias
1468-1474
Sucesor:
Isabel de Trastámara y Trastámara
Predecesor:
Enrique IV

Reina de Castilla y de León

1474 - 1504
Junto a su esposo Fernando V

Del matrimonio de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón,que unificaron los Reinos de España, nacieron cinco hijos. Dos de sus hijas, Isabel primero y María después, se casaron con Manuel I, rey de Portugal. Del segundo matrimonio nació Isabel de Portugal. La otra hija de los Reyes Católicos, Juana, se casó con el archiduque Felipe, hijo de María de Borgoña y del emperador Maximiliano I de Austria.
Cuando en 1504 murió Isabel de Castilla, su esposo no pudo heredar el título de rey de Castilla, según las leyes castellanas, así que paso a ser reina de Castilla su hija Juana I “la Loca”. Su esposo, Felipe I el Hermoso, con el que se inició la dinastía Habsburgo o Austrias en España.Felipe I el Hermoso murió joven y su esposa Juana I “la Loca” , quedó incapacitada para reinar. El hijo de ambos, el que en el futuro sería emperador, Carlos de Gante, heredó el trono de Castilla a los 6 años de edad. Ante la minoría de edad de Carlos, Fernando de Aragón fue nombrado regente, pero dejó el gobierno de Castilla en manos del cardenal Cisneros.
En 1516, a la muerte de Fernando II, Carlos I se convirtió en rey de Castilla y de Aragón. Se casó en 1526 con su prima Isabel de Portugal, de cuyo matrimonio nació su heredero, Felipe II.
Felipe recibió el trono en 1556 tras la abdicación de su padre,el emperador Carlos V, que se retiró enfermo al monasterio de Yuste, la herencia de la corona imperial a Felipe II fue grandísima.Los dominios de España eran enormes.
Felipe II se casó cuatro veces y enviudó. Su primera esposa fue María de Portugal, a la que siguió María Tudor (hija de Enrique VIII de Inglaterra), la francesa Isabel de Valois y, por último, Ana de Austria, madre del sucesor al trono, Felipe III. Sus descendientes, Felipe IV y Carlos II, fueron los últimos monarcas de la dinastía de la casa de Austria en España.

Escudo de los Reyes Católicos (desde 1492)

LA EPIFANIA DEL SEÑOR

LA EPIFANIA DEL SEÑOR

La gloria del Señor amanece sobre ti

 Isaías 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.

Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá.

Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

REINOS HISPANOS

REINOS HISPANOS

LOS REYES CATÓLICOS

LOS REYES CATÓLICOS